Estoy seguro de que nadie
entenderá lo que voy a escribir ahora y tampoco dejaré de lado los acertijos
por si alguien lo hiciera. No sé si alguien va a terminar siquiera de leer este
texto ni si me sentiré tan triste cuando lo publique como cuando lo estoy
escribiendo -espero que no- pero me he dado cuenta de algo terrible y quiero
ponerlos sobreaviso.
Durante mucho tiempo he querido
mucho y no he pedido nada a cambio y eso me ha enfermado por dentro. He
permitido que no me dieran nada de vuelta porque pensaba que querer de verdad
era así; se basta en si mismo ese gesto y no requiere de más excusas ni de más
perdones.
No es así. Por favor, no piensen que es así. Todo amor que des deben devolvértelo al peso, sin que falte un
gramo. Quizás no sea de la manera que tú comprendas -a veces no es fácil, nadie
nos enseña cómo hacerlo de la manera acertada- y te toque hacer un esfuerzo,
pero la realidad es que debes abrir los brazos y que entre ellos entre todo lo
que tú has dado. No tiene que hacer falta ni pedirlo siquiera.
Sé que no es fácil -en serio, lo
sé- y sé que a veces necesitas desesperadamente dar todo ese sentimiento que te
recorre de punta a punta con la esperanza de que genere algo de vuelta, en
algún momento y te horroriza pensar que no llegará nunca.
No lo hará. Pasado cierto punto
te aseguro que no lo hará y dará igual las ansias con la que lo esperes. Cuando
estés solo dando vueltas en la cama rodeado de silencio y que sea solo eso,
silencio, lo que te atraviese de uno a otro costado. Cuando pases horas
descifrando gestos y miradas y pensando en lo que pudiera pasar si o cómo sería
o a qué sabría. Cuando llores, cuando te sientas roto y destartalado como la
casa que alguien no ha querido comprar porque no se imaginaba llenándola de
"hogar". Te sientes lleno de goteras y grietas y "poco
apto" para la vida.
Me gustaría poder explicarlo con
otras palabras pero es justo así como te sientes; como un edificio en ruinas,
abatido por el tiempo y la desgana y te conformas con llenarte con esos
pequeños gestos que ni siquiera significan amor, que no tienen nada pero que te
alimentan. Pasas tanto tiempo dando por válido ese cuento -que tú mismo te has
inventado- que asocias el cariño, el amor, el sexo con la falta de verdad,
porque de tanto dar te has convertido en una casa -a veces, incluso, en una
ciudad- en ruinas que anhela que caminen por sus pasillos pero que teme
derrumbarse en cualquier momento.
Si no te devuelven el amor es que
no te quieren, es así de sencillo. Y cuando te liberas de esa cadena terrible
que te aprisiona el cuello y cuando recuperas tu propio nombre y tu propia voz
te das cuenta -demasiado tarde ya- de que sigues en ruinas y de que vas a poner
en duda todo lo que sí que alguien va entregarte; si tienen sexo será por hacerte
un favor, si te quiere será un chiste. Esa caricia será falsa, aunque en
realidad no lo sea. No vas a sentirte lo suficientemente bueno como para
recibir la atención de nadie.
Te has hecho débil; tu estructura
se ha resentido y va a hacer falta mucho trabajo para volver a reconstruirte. A
estas alturas ni siquiera sé si uno puede conseguir volver a ser el mismo tras
todo ese temblor.
Yo quería mucha más poesía aquí y
quería hablar de algo bello en alguna forma -la que sea. Pero hace poco he
logrado quitarme del todo el collar que llevaba para darme cuenta de todo el
veneno que se ha pegado a mis paredes. Que soy un edificio vacío que necesita a
alguien que lo habite pero que duda de todo aquel que se atreve a estar dentro.
Estoy muy triste y contar esto no
ha hecho más que hundirme en la mierda pero, por favor, no permitas que te pase
lo mismo, seas quien seas.