jueves, 11 de octubre de 2018

Haz que cuente, que valga la pena

Ahí en la inmensidad del mundo existe un laberinto. Situado exactamente en el centro, rodeado de los muros más altos que ningún hombre haya visto jamás; y sobre todo, de silencio. De un silencio atronador, aterrador. Hiedras y musgo crecen sobre él, y la humedad lucha por incrustarse en los pulmones de aquellos que intentan atravesarlo.
Todos buscan una salida.
Pero la realidad es que el laberinto es mucho más que eso. Son las grietas que se forman en sus muros, y el polvo que se levanta al avanzar por su caminos. Es la incertidumbre que inunda la mente al cruzar la entrada y la ilusión al ver la luz del día al otro lado de la puerta final. El laberinto son las vidas de aquéllos que lo recorren. Pasan a formar parte de él del mismo modo que lo hacen la humedad y las hiedras y el silencio, y jamás lo abandonan.
Recuerda que, en el momento en el que te adentras en su interior y aunque nunca encuentres la salida, tu historia queda escrita para siempre en sus paredes.
Haz que cuente.


sábado, 23 de junio de 2018

Plena elegancia, sombra inestable

Nos fuimos sometiendo poco a poco, ya no hubo lugar donde esconderse de la niebla. Se terminaron las formalidades y los sueños irreales de juegos y destinos casuales. Los relojes comenzaron a significar alguna cosa y los deseos y los libros y las pesas. 

Es aterrador, casi sórdido pensar cómo nuestros cuerpos fueron germinando, pero no había flores que llenaran de color este invierno cenagoso y helado. Empezó la lucha contra la báscula, contra el traje, contra la forma de crecer; resultó ser inadecuada. 

Empezaron los besos tímidos y desastrosos y las manos tímidas e inexpertas al acariciar. Los secretos, las heridas, los golpes. Empezamos, tal vez, a ser el proyecto de aquello que un día seremos. 

La sangre, la vida, la quemadura, la gracia. 
Todo a la vez, condensado, como una supernova justo antes de estallar. 
Y, de fondo, plena elegancia con una sombra inestable.

                                  Foto: @Mauragcr

domingo, 12 de noviembre de 2017

Dulce transición

Se conocieron en el umbral de la puerta a una habitación que para ella fue desidia y para él infierno, y cuenta la historia que mientras ella intentaba convencerlo de que de las cenizas se renace, él tenía problemas para aceptar que no hay mal que cien años dure. 

Y nunca fue necesaria una condena tan larga para que sus caminos se intercalasen de maneras complejas e intrincadas, sin permitir que se olviden pero tampoco que disfruten del sabor del otro en la boca.

Así que al final, el miedo intentó convencerles de que él siempre vence, de que era una historia de amor, pero claramente, no una con final feliz.
Pero no es ningún secreto que es el tiempo, y no el miedo, quien escribe los finales. 

jueves, 4 de mayo de 2017

Acorazada

Hoy estabas preciosa
y estabas helada
y por mucho que yo te hiciera el amor
no iba conseguir sacudir
toda esa escarcha que llevabas dentro.

Pasa que hay personas que llevan en la risa
el inicio del verano y su candidez despreocupada,
pasa que hay otoños
que se instalan en las manos de algunos
con esa suave caricia
que sabe a ocre y a sándalo y a vino.

Pasa que la primavera
se anuda en los rizos
y llena las sonrisas de flores
de cantos de pájaros
y de fruta fresca.

Pero tú tenías el invierno
clavado en el corazón
helada y terrible y acorazada
con esa luz
hermosa e irisada
que no hace otra cosa
que llenarte también de frío.

Y yo no llevaba abrigo.


domingo, 9 de abril de 2017

Y un día amaneció

Y de repente, anochece.
Y había amanecido y la vida había despertado, aún tímida y asustada y los colores inundaban las calles y se veían miradas sorprendidas tras las ventanas de los bares y los parabrisas de los coches con eternas luces de cruce.

Y aquel que tenía miedo a la oscuridad observaba la panorámica con los ojos brillantes y la ilusión reflejada en su rostro y pensaba que podría salir y vivir y que ahora las cosas iban a ser distintas.
Pero la noche cae y ya no queda nada de eso. E imagínense, imagínense el caos, la tristeza, la decepción, imagínense la incertidumbre y el miedo. La oscuridad lo rodea todo de nuevo y nadie sabe si el sol volverá a salir y los coches vuelven a llevar luces de cruce y los que tienen miedo a la oscuridad vuelven a esconderse bajo sus sábanas.
Y se oyen voces que se preguntan qué va a ocurrir ahora, si amanecerá de nuevo, si la noche terminará algún día. Y suena tras las calles un lamento sordo que se pregunta por qué todo ha vuelto a ser como antes.

Pero nada es como antes.
Porque de repente, anochece.
Pero ya nadie olvida que, una vez, amaneció.


martes, 14 de febrero de 2017

No es por nada

Si te preguntan por mí, diles que lo hice. Que lo conseguí, que ni los gritos, ni el dolor, ni el miedo, consiguieron pararme. Diles que lo lograron. Que las heridas fueron muchas y profundas, y que a veces, ni siquiera distinguía el final de una del principio de la siguiente. Diles que perdí los zapatos, la cabeza. La fe. Me perdí a mí mismo, y eso fue como perderlo todo.
Diles que hubo momentos en los que de verdad creí que habían ganado.
Pero diles también que al final fue la esperanza lo que ganó. Diles que las heridas cerraron y las lágrimas dejaron de caer y que sobreviví. Que me hice fuerte, y valiente, y que jamás voy a dejar que vuelva a pasarme lo mismo.
Si te preguntan por mí, dales este mensaje de mi parte. Si te preguntan por mí, cuéntales lo que quieras, porque lo que sepan, lo que piensen o lo que digan de mí; ya no importa.
Diles que hubo momentos en los que de verdad creí que habían ganado.
Pero sobre todo,
diles que no voy a volver jamás.


jueves, 9 de febrero de 2017

Espectando la realidad

La sensación de estar en ese lugar y ponerse a pensar en cuantas chicas con el corazón destruido han visto perderse en la noche, cuantos muchachos con hambre han recorrido las calles en un invierno helado.

Solo quería irme a casa, porque tampoco me importan los fantasmas de los demás, ni cuando maduré, ni aquella vez que bebí con ron y cerveza y terminé muy mal en el water de mi casa.

Ella no sabe de lo mal que me encuentro, aunque siempre le sonrío para aparentar estar bien. Ella no sabe, ni tampoco le importa, si esa noche me voy a embriagar otra vez y con quien tendré sexo, pero me da la sensación de que piensa que soy un idiota y que debería actuar como una persona de mi edad y no como un chiquillo. 

No sé si sabe que estoy cansado y no sé si sabe que mi frialdad es natural y no forzada. A lo mejor piensa en la crisis mundial o el calentamiento global y sabe a ciencia cierta que estoy así de perdido. Pero no pasa nada. Deseo volver a casa temprano y tener a alguien a quien abrazar esta tarde y a quien besar por la noche. Espero que no haya hecho nada malo. 

viernes, 13 de enero de 2017

Quizá mañana...

La mujer que hizo catástrofes
su nombre vale mucho
desde todas las horas que alguien
no durmió pensando en ella,
hasta todos los "recuerdos" que has creado
sin saberlo
en la cabeza de otra persona.
Algunos piensan que no fue tan grave
pero todos ellos sabían lo que había logrado
destruir las esperanzas
usarlos en su juego y acabarlos en su miseria.
Lo único que ella quería era algo real
solo buscaba aquello que trascienda lo sexual
y alcance emociones intensas,
un compromiso.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Y nunca lo hubo

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.

Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.

No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
  
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.
 

Duelo

La casa. Sus ventanas. El polvo aprendiendo mi nombre. La marea regresaba aunque nadie la llamara. Dejé la llave bajo la piedra. La pue...